La comparación de ortofotografías históricas y actuales de la dehesa salmantina ayuda a comprender los cambios del paisaje y a reconocer los elementos que conviene conservar, restaurar y conectar en la infraestructura verde transfronteriza.

El equipo del proyecto OETerra de la Universidad de Salamanca, participó en el Congreso Jornada sobre la Dehesa Hispano-Lusa: Conservación, Conectividad y Desarrollo Sostenible, celebrado en la Universidad de Salamanca del 6 al 8 de octubre. Allí se compartió la comunicación “Uso de la inteligencia artificial para analizar los cambios en el paisaje: un ejemplo aplicado a la dehesa salmantina”, una propuesta desarrollada conjuntamente por el personal investigador de las universidades de Salamanca y Valladolid.

La idea de partida es sencilla, para cuidar bien un territorio primero hay que conocerlo. OETERRA estudia los paisajes culturales de todo su ámbito de trabajo porque en ellos se ve la relación y co-evolución entre la naturaleza y las personas a lo largo del tiempo. Ese conocimiento ayuda a caracterizar la infraestructura verde, es decir, la red de espacios y elementos que hace posible que el territorio conserve aspectos característicos como biodiversidad, conectividad y servicios ecosistémicos, entre otros.

La dehesa no es el único paisaje que analiza el proyecto, pero fue el ejemplo elegido para esta comunicación por celebrarse el congreso en torno a ella. Es un paisaje muy próximo a quienes participaron en las jornadas y permite explicar con claridad la metodología: en una misma imagen conviven arbolado disperso, pastos, cultivos, caminos, lindes y cerramientos. Su aspecto actual guarda la historia de evolución de dinámicas como el manejo ganadero, los cambios demográficos o las condiciones ambientales. Mirar cómo han evolucionado esos elementos ayuda a entender qué partes de la infraestructura verde se han mantenido, cuáles se han transformado y dónde pueden existir necesidades de conservación o restauración.

Para acercarse a esa historia reciente, el equipo compara ortofotografías del Vuelo Americano de 1956-1957 con imágenes aéreas actuales. Las cartografías contemporáneas permiten describir con detalle el territorio presente, pero no existe (o es difícilmente accesible) una base pública equivalente para las fotografías históricas. Por eso, estas imágenes son una ventana directa al paisaje de hace siete décadas y una fuente valiosa para reconstruir los cambios que no aparecen en las estadísticas.

El punto de partida fue una cartografía manual de cambios de uso y de elementos lineales del paisaje. Es un trabajo minucioso que ofrece una referencia fiable, pero que resulta difícil de extender a todo el ámbito transfronterizo. La automatización busca apoyar este esfuerzo y ampliar el análisis, sin prescindir en ningún momento del criterio de quienes conocen el territorio y revisan cada resultado.

La inteligencia artificial aplicada a imágenes ofrece distintas posibilidades para su incorporación al estudio del paisaje, a través de modelos que permiten delimitar y analizar los elementos presentes en ellas. Para este trabajo se utiliza Segment Anything Model (SAM), un modelo que ayuda a delimitar en la imagen regiones y elementos mediante máscaras. SAM no decide por sí solo si una zona corresponde a un pastizal, un encinar o una linde: el equipo investigador define las categorías, etiqueta y corrige los resultados y valida su adecuación a las particularidades de la dehesa y de las ortofotografías antiguas.

Esta metodología combina, por tanto, la capacidad de SAM para localizar formas y límites visibles con la interpretación experta. Gracias a esa suma de conocimientos, será posible ampliar el análisis desde áreas piloto a una escala territorial mayor y generar información comparable sobre la persistencia o pérdida de elementos del paisaje, la densidad del arbolado, la fragmentación y la continuidad de los espacios abiertos.

Los datos obtenidos no son un fin en sí mismos. Servirán para reconocer qué componentes de la infraestructura verde conviene mantener, restaurar o reforzar y para relacionar su evolución con la biodiversidad, la conectividad y los servicios ecosistémicos. De esta manera, OETERRA une la memoria del paisaje con la planificación ambiental y abre una vía para que las decisiones futuras sobre conservación y restauración partan de un conocimiento más cercano, completo y compartido del territorio.