Inspeccionar de forma periódica, detectar riesgos a tiempo y utilizar los datos para planificar el mantenimiento de los edificios históricos. Esta es la buena práctica desarrollada y probada a través de HeritageCare, que propone incorporar la conservación preventiva a la gestión habitual del patrimonio.

Los edificios históricos rara vez se deterioran de un día para otro. Una filtración de agua, una pequeña grieta, los cambios de temperatura y humedad o la aparición de organismos pueden evolucionar durante meses o años antes de convertirse en problemas graves.

Frente a un modelo que actúa principalmente cuando el deterioro ya es visible, la conservación preventiva propone adelantarse: observar de forma periódica el estado de los edificios, identificar posibles riesgos, realizar un seguimiento de su evolución y programar las actuaciones de mantenimiento antes de que sea necesaria una intervención de mayor alcance.

Esta forma de trabajar ha sido desarrollada y probada a través de HeritageCare, un proyecto europeo desarrollado entre 2016 y 2019 en el marco del programa Interreg SUDOE, en el que ha participado la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico junto con entidades de España, Portugal y Francia.

De las intervenciones puntuales al mantenimiento continuo

Una de las principales aportaciones de HeritageCare ha sido convertir la conservación preventiva en un proceso organizado que puede incorporarse a la gestión cotidiana de los edificios históricos.

La metodología combina inspecciones sistemáticas, diagnóstico, monitorización y mantenimiento periódico. El objetivo es que propietarios y gestores dispongan de información suficiente para detectar problemas en sus primeras fases, establecer prioridades y decidir cuándo y dónde es necesario actuar.

Para facilitar su aplicación, el proyecto ha desarrollado un protocolo común de inspección, criterios específicos de diagnóstico y un sistema para registrar y clasificar los daños. La metodología se ha probado en alrededor de 64 bienes patrimoniales de distintas características en el sudoeste de Europa.

Entre sus resultados se encuentra también una guía de buenas prácticas dirigida específicamente a propietarios y gestores, basada en una idea sencilla: un mantenimiento regular y planificado puede ayudar a evitar deterioros más graves y reducir la necesidad de intervenciones posteriores de mayor alcance.

Tecnología al servicio de decisiones concretas

HeritageCare ha incorporado herramientas digitales para facilitar el seguimiento de los edificios y transformar los datos recogidos en información útil para su conservación.

La metodología se ha apoyado en una plataforma digital con funcionalidades móviles y sistemas de información geográfica (SIG), además de tecnologías como sensores, documentación tridimensional y modelos digitales cuando las características del inmueble lo requieren.

La tecnología, por tanto, no se plantea como un fin en sí misma. Su utilidad está en ayudar a conocer mejor qué ocurre en cada edificio y utilizar esa información para tomar decisiones sobre su mantenimiento.

Un ejemplo se encuentra en la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca. Allí se instalaron alrededor de treinta sensores para controlar variables como la temperatura, la humedad relativa o la iluminación, y esta información se combinó con documentación tridimensional del edificio.

Los datos obtenidos permitieron estudiar, entre otras cuestiones, cómo afectaban las visitas a las condiciones de conservación de los libros y contribuyeron a modificar los horarios de ventilación. Es un ejemplo concreto de cómo la monitorización puede traducirse en una decisión cotidiana de gestión.

Una práctica que puede trasladarse a otros edificios y territorios

La experiencia de HeritageCare ha demostrado cómo la conservación preventiva puede organizarse mediante un procedimiento que se repita y adapte a distintos tipos de bienes patrimoniales.

Su aplicación no consiste simplemente en instalar sensores o realizar inspecciones aisladas. La buena práctica está en integrar estas herramientas dentro de un ciclo continuo de gestión: inspeccionar, monitorizar, comprender los datos, establecer prioridades y mantener.

De este modo, una grieta, una variación de humedad o una filtración dejan de ser únicamente incidencias que se atienden cuando el problema se agrava. Pasan a formar parte de un sistema de seguimiento que permite decidir con mayor información qué actuación necesita cada edificio y en qué momento.

Esta experiencia se recupera ahora en el marco de PROTECH 2024 como ejemplo de buena práctica aplicable a las políticas y modelos de gestión del patrimonio cultural.

PROTECH 2024 tiene como objetivo mejorar las políticas públicas de gestión del patrimonio a través del uso de tecnologías avanzadas, inteligencia artificial y sistemas de monitoreo, promoviendo a su vez la innovación social, la cooperación entre regiones y la participación ciudadana.